| El conjunto urbano de Zafra
El recinto del viejo caserío de la villa de Zafra está trazado en torno a dos
hermosas plazas centrales, la Chica y la Grande, desde las que brotan unas calles
principales que finalizan en las puertas de su vieja muralla. Esta tapia, que rodeaba por
completo la villa en forma oblonga, se comenzó a levantar, con la decidida colaboración
de los vecinos en el año 1426, y duró su construcción hasta 1242, en que quedó cerrado
el. recinto fortificado con cuatro entradas principales, en dirección hacia los cuatro
puntos cardinales, que eran conocidas con los nombres de puertas de Sevilla, Jerez, Los
Santos y el Cubo, con el aditamento de capillas construidas sobre sus arcos, además de
otros cuatro portillos que se abrieron posteriormente en distintos lugares intermedios de
las murallas.
En el. vestíbulo del Palacio Alcázar, hoy convertido en. Parador de Turismo, se
conserva, sobre uno de sus muros laterales, la inscripción que conmemora el levantamiento
de estas murallas, finalizadas bajo el mandato del primer Conde de Feria, don Lorenzo
Suárez de Fígueroa. De este recinto amurallado en la actualidad apenas quedan en pie
unos pocos metros de su viejo recorrido junto al dicho alcázar, además de tres de sus
puertas: las llamadas de Palacio, de Jerez y del Cubo.
La Plaza Grande
Situada en el centro del casco urbano, la hermosa plaza Grande se l ve rodeada de
setenta y dos soportales sobre columnas de piedra, con casas de noble factura, dotadas
algunas de ellas con escudos heráldicos en sus fachadas, siendo el. lugar donde
antiguamente estaban establecidos los poderosos mercaderes de la villa, con sus tiendas de
quincallas, tejidos y frisas, así como los talleres artesanos de platería, talla,
guarnicioneria v zapatería. Esta última ocupación gozaba de gran auge en la población,
ya que uno de los puntos más interesantes de su economía estaba relacionada con la
industria del cuero, para cuya preparación existieron unas doce tenerías con gran
actividad industria.l, tanto dentro del casco urbano cómo en sus espacios de extramuros,
cobrando fama nacional la pareja de guantes de cabretilla, de tanta finura de confección
que cabían dentro de la cáscara de una nuez.
Primitivamente, la iglesia parroquial de la Candelaria estuvo construida en uno de los
extremos de esta plaza, aproximadamente en el lugar que está limitado hoy por unas
palmeras. Fue derruida por vieja e inservible, cuando en el año 1546 se inauguraba el.
suntuoso nuevo templo de esta misma advocación.
La Plaza Grande de Zafra se convirtió en el. amplio salón de recepciones de una
población hidalga mercantil, rodeada toda ella de casonas solariegas, y siendo el orgullo
de un vecindario, que en este hermoso recinto celebraba sus fiestas, las corridas de
toros, y las devotas procesiones, convirtiéndose sus balcones en palcos elegantes para
una sociedad distinguido y festiva.
La Plaza Chica
Por un extremo de la Grande, y a través de un pasadizo que antiguamente era conocido
con el nombre del «Arquillo del pan», se penetra en la Plaza Chica, dándonos la
bienvenida un retablito barroco, donde se venera una diminuta imagen de la Virgen con el
nombre de «la Esperancita», en medio de dos pinturas de San, Francisco y Santo Domingo,
fundadores de las distintas comunidades de religiosos que tenían residencia en Zafra.
Es esta placita una de las mejores conservadas en su estilo mudéjar de la región, con
sus viejos soportales sustentados por columnas artísticamente labradas, bajo cuya sombra
se formaron las antiguas ventas de Zafra, ya que es indudable el hecho de que el zoco
árabe de su tradición mercantil estaba situado en esta plaza, como lo indica la «vara
de medir», la tradicional medida castellana de 83 centímetros, que se conserva y se nos
muestra grabada en una de sus columnas, sirviendo de comprobante efectivo para todo tipo,
que en este lugar se las ventas de efectuaban.
En su, entorno se encuentra una serie de casas, cuyas fechas de construcción se
comprenden entre los siglos XV y XVIII. Algunas de ellas están adornadas con artísticas
ventanas de corte mudéjar y hermosas verjas de hierro defendiendo sus ventanas. El lado
oeste de la plaza está totalmente ocupado por una fachada neoclásica del siglo XVIII,
correspondiente al edificio que fue el primer ayuntamiento de la villa, y donde hoy están
instalados los servicios del Palacio de Justicia.
En torno a estas dos plazas se extienden las viejas calles del antiguo caserío,
perfectamente conservadas en su disposición originaría, destacando la calle Boticas, que
tiene el orgullo de exhibir en dos de sus fachadas unos ajimeces muy interesantes. Uno de
ellos, que puede datar del siglo XIII, se debe considerar como la reliquia más preciada
del pasado morisco de la población, con una esbelta columna central y dos arcos con
arabescos y volutas en los extremos de dichos lóbulos, en ladrillo visible y
ornamentación de azulejos de la época.
Saliendo de la Plaza Chica por uno de sus extremos nos adentramos en la calle de Jerez,
que en breve recorrido nos conduce hacia la puerta de la muralla del mismo nombre. Sobre
el hueco de la entrada a la población, se levanta una capilla dedicada a una devota
imagen de Cristo en posición sedente, conocido con el nombre de Cristo de la Humildad y
Paciencia. En la fachada exterior de la misma puerta, dotada de espadaña y escudos, se
veneran dos imágenes en piedra que representan a San Crispin y San Crispiniano, los
santos patronos del gremio de curtidores y zapateros, que por estos aledaños tenian sus
talleres y tiendas. .
La calle de Sevilla
Esta arteria principal arranca del viejo casco urbano a partir de la Plaza Grande y
modernizando su aspecto, viene a morir en el lugar que antiguamente ocupaba la puerta
amurallada, llamada también de Sevilla, con dirección a las regiones del Sur. Por esta
calle ha pasado la historia de Zafra y con el tiempo se ha cambiado su aspecto más
primitivo por el actual de una arteria comercial y señorial con buenos edificios que
albergan lo principal del comercio local. Pero aún subsisten en su decurso edificios de
interés artístico, como son el Monasterio de Santa Clara y la Casa Grande, que
describiremos más adelante con mayores detalles.
Esta calle de Sevilla es un orgullo postinero de la ciudad, y se convierte en una de las
más significativas vias urbanas de la comarca, siendo lugar de encuentro y de ventas,
para toda una extensa comarca del sur de Extremadura.
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