| Edificios civiles: El Alcázar
Esta fortaleza zafrense domina con su mole toda la amplia planicie, sobre la que se
extiende la población. No es un castillo roquero para la defensa, sino más bien el
alcázar y palacio cómodo, que hacia posible la convivencia de sus nobles señores con
los vecinos de la población.
Don Lorenzo Suárez de Figueroa, primer conde de Feria, comenzaba su. construcción en
1437, como reza la piedra conmemorativa que se encuentra sobre la puerta principal, entre
los escudos de los fundadores. Las obras duraron seis años, hasta su conclusión en 1443,
según nos indica otra inscripción que se halla en la torre del homenaje.
En su disposición exterior, este monumental edificio consta de un recinto amurallado y
coronado de almenas, en cuya construcción parece ser que intervinieron canteros árabes.
Cuatro torreones de 24 metros coronan sus esquinas y otros tantos más se reparten en los
espacios intermedios de los costados y guarnecen la puerta de entrada. En la parte opuesta
a la fachada se alza la torre del homenaje, una construcción cilíndrica de 29 metros de
altura y 12 de diámetro. Sobre la puerta campean los escudos de sus primeros señores:
las cinco hojas de higuera de don Lorenzo y los leones rampantes y brazos alados con
espadas de doña Marla Manuel, su esposa. Un arco geminado de herradura nos delata la
procedencia morisca de sus constructores.
Al final del siglo XVI., al elevársela categoría del antiguo condado en un nuevo
Ducado de Feria, por graciosa concesión del monarca Felipe II, el alcázar de Zafra sufre
unas transformaciones que le iban a proporcionar un aspecto más cómodo de palacio y
residencia. Los aires renacentistas soplaron por estos contornos y se reforma el viejo
castillo con unas edificaciones anteriores y posteriores que se le añaden al primitivo
edificio, a base de terrazas y galerías, e incrustando en su interior un impresionante
patio de mármol con claustro que es uno de los atractivos más interesantes del edificio.
Este patio, que ha sido atribuido al conocido arquitecto Juan de Herrera, por estar
construido en, el más puro estilo renacentista, es de forma cuadrada y mide 16 metros por
cada lado. Consta de dos pisos con galerías en arco de medio punto. Los pilares son de
sección rectangular y se decoran con pilastras adosadas y superpuestas en los órdenes
clásicos dórico y jónico.
Con estas reformas se logró que el Renacimiento, con el esplendor de su luz y de su
más abierto vuelco al exterior, penetrase por entre los viejos muros del alcázar y, con
estas reformas, se convertía en una confortable residencia para sus señores y un
adecuado marco para las fiestas y para las galanuras de una corte pletórica de nobles y
artistas, como era la del Ducado de Feria.
En el interior de este alcázar, merecen. atención algunos artesonados que se
conservan en salones y dependencias, destacando como más interesantes los de la Capilla y
de la Sala Dorada. La capilla se adoma con una cúpula gótico-mudéjar, montada sobre
varias comisas de motivos góticos, y luciendo su trazado octogonal formado por ocho
mascarones ricamente decorados con entrelazados de tallos y hojas vegetales en una
multiplicidad de figuras. El que se conserva en la llamada Sala Dorada está adornado con
estrellas octogonales y cuadrados, sobre una comisa o faldoncillo, con los escudos
multiplicados de la familia del segundo conde de Feria y de su esposa. Otro interesante
artesonado, éste de más auténtico estilo mudéjar, cubre la extensa dependencia del
lugar destinado en la actualidad a bar y una parte del comedor en la planta baja.
Subiendo a los altos del castillo, en el interior de la torre del homenaje, se
conservan unos interesantes zócalos adornados con pinturas de figuras geométricas, damas
de la época medieval y dibujos de monstruos con cuerpo de animal. y cabeza humana. En.
los primeros años del siglo XVII, a la primitiva mole del castillo se le agrego una
galería de edificaciones con fachada renacentista en piedra y ladrillo, para unir el
alcázar con el cercano convento de Santa Marina. Adosada al final de esta galería, se
encuentra una puerta realizada a base de sillares de granito, que en un principio era un
ingreso al espacio cerrado que se abría delante del alcázar.
Este edificio del. primitivo Alcázar de los Duques de Feria fue adquirido por el
Ministerio de Turismo en el año 1965 y convertido en Parador Nacional, inaugurado tres
años después, una vez realizadas las oportunas obras de reforma en su interior, que han
respetado la disposición señorial del palacio alcázar, que sigue siendo uno de los
atractivos turísticos más interesantes de la actual ciudad de Zafra.
La Casa Grande
En la calle de Sevilla fue construido en el año 1601 otro de los edificios más
significativos de la cultura renacentista de Zafra, conocido popularmente como la Casa
Grande, y perteneciente en otros tiempos a la noble familia de los Daza Maldonado. La
puerta de entrada se enmarca en medio de un hermoso pórtico de columnas jónicas y
dóricas y, en su interior y de inmediato, nos encontramos con un elegante patio central.
Luce éste una serie de columnas de blanco mármol de los estilos clásicos repartidos en
dos plantas y emparejadas en tramos, llevando en los vanos de los intercolumnios unos ojos
de buey. De este mismo patio arranca una escalera, toda ella en granito, con un robusto
almohadillado artístico en su muro de reposamanos, al que se le añade un curioso remate
en pirámide.
En esta noble mansión tuvo su residencia el príncipe e hijo bastardo de Felipe IV,
don Juan José de Austria, entre los años 1.661 y 1663, durante las operaciones militares
que él dirigió de la guerra de España con Portugal.
Los tres hospitales
Tres establecimientos de beneficencia hospitalaria existieron en Zafra, a partir del
siglo XV; uno de ellos, el llamado
Hospital de Santiago, se encuentra al final de una calle corta, en los aledaños os de la
plaza Grande. Su primer destino fue servir como casa solariega a la familia de los Suárez
de Figueroa, antes de la construcción del alcázar. En 1446, el conde la destinaba a una
fundacíon para la asistencia de enfermos pobres de la población. Su fachada es una
artística portada en piedra labrada en forma de lacería y con un estilo gótico florido
con dos pináculos laterales. Sobre la puerta hay un hueco de arco conupial, en cuyo fondo
se pintó al fresco una «Anunciación» de estilo renacentista italiano. En el interior
del edificio existe un bello claustro con arcos de medio punto, sobre pilares octogonales
y galerías altas y bajas.
Otro de los hospitales con que se beneficiaron los enfermos convalecientes de la
antigua villa de Zafra fue el de San lldefonso, fundado por el clérigo zafrense Alonso
López de Segura, en el año 1593. Unicamente resta de él la portada exterior de su
iglesia, de estilo clásico, que se enmarca con un almohadillado de piedra.
El tercero de los establecimientos de salud existentes en la Villa se llamaba Hospital
de San Miguel. Fue edificado a mediados del siglo XV para acoger en él a los afectados de
enfermedades venéreas de la comarca. Sólo se conserva de él el pórtico de entrada a su
capilla, con arcos de ladrillo de sabor mudéjar.
Ayuntamiento de la Ciudad
Este hermoso edificio, donde actualmente están instaladas las dependencias
administrativas del Ayuntamiento de la Ciudad, primitivamente fue un convento de monjas
franciscanos, llamado Convento de la Cruz, construido a principios del. siglo XVII y
desamortizado en el XVIII, para cuyo fin se le despojó de todo aspecto de convento,
incluso ocultando la portada de piedra que daba entrada a su iglesia, y que hoy luce su
deteriorado aspecto. Destaca, por su amplitud y diafanidad, el. hermoso claustro, o patio
central, que delata su primer origen como monasterio, dotado de una columnata de mármol
en dos plantas.
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